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Formar personas a través del disfrute del juego para construir entre todos un club con sólidos valores. Haciéndole entender a nuestros jugadores que el objetivo inmediato de nuestro equipo no es ganar, sino jugar bien; haciéndolo, no solamente cumplirán el propósito fundamental de disfrutar de nuestro deporte, sino además pueden aspirar a superar a su adversario. De esta manera podrán lograr el triunfo, que es siempre una consecuencia.
Nuestra misión como club de rugby
Queremos ser un club de rugby que fomente el espíritu de este deporte desde las divisiones juveniles y aspire a transmitir valores para formar mejores personas. Inculcándoles a nuestros muchachos desde la primera práctica que más allá de ser un juego para divertirse, es fundamentalmente una escuela de vida, una manera de vivir.
La filosofia del club
El juego del rugby tiene características que lo distinguen de los demás deportes; existen particularidades en él de las cuales no podemos ni debemos apartarnos. Es es una actividad que excede al propio deporte en sí; es una manera de vivir, formando y mejorando al individuo a través de él, siendo este punto de vista resaltado naturalmente en cualquier ámbito del mundo donde se lo practique. El rugby es un juego dinámico; por lo tanto, como emprendedores de este deporte en la formación de divisiones inferiores en el Sur de la Florida, debemos estar consientes de que evoluciona permanentemente y que esto nos compromete a una especial atención para tener posibilidades de seguir avanzando con responsabilidad en su desarrollo.
También nos obliga a estar atentos para que con cualquier excusa no se arrastren principios básicos sin los cuales no es rugby. Porque si tuviésemos que definir el espíritu y la filosofía, nada más acertado que decir que el rugby es el juego del respeto. Un juego que de manera constante se enfrenta a la adversidad y que trata de superarla con gran esfuerzo y una exagerada cuota de lealtad.
Como directivos, colaboradores y entrenadores de las divisiones inferiores de Miami Rugby debemos fomentar el respeto sin excusas, por el reglamento y por el espíritu del juego, con el convencimiento de que ganar o perder dependerá de un sin fin de factores que a veces podremos controlar y otras no; pero lo que siempre dependerá de nosotros mismos será la corrección, el juego limpio y el respeto.
Esta definición nos está mostrando que si bien el aspecto técnico es importante, no es el único ni el primero, siendo el respeto, la educación y el control de uno mismo, las cuestiones básicas para preparar a nuestros muchachos a disfrutar del juego del rugby.
Para exigir todo esto a los jugadores, es fundamental que nosotros mismos cumplamos con el espíritu del juego respetando todo: a los propios jugadores, al reglamento, al árbitro, a los oponentes. Todo se respeta, enseñando a los jugadores que todos deben respetar todo.
Es muy importante inculcar estos principios a nuestros jugadores precisamente en su etapa formativa para que en el futuro, no caigan en la confusión de los mensajes incomprensibles que desorientan a algunos jugadores mayores, como decir que el espíritu del rugby es el tercer tiempo, cuando durante el partido, entrenadores, público y jugadores transgreden permanentemente la filosofía del juego, con su falta de control y mala educación.
Con esto queremos decir que estamos convencidos que un buen tercer tiempo no representa al espíritu del juego; si previamente, en el primero y segundo tiempo, todos no han respetado todo; es decir, que llegamos a la misma conclusión con la que partimos y en la que nos fundamentamos: El espíritu y la filosofía del rugby es el juego limpio, la educación y el control de uno mismo.
Entre el juego sucio y el juego fuerte, entre la mala educación y el respeto, existe un límite que todos conocen, más allá que sean sancionados o no. Ese límite no debe cruzarse jamás y así debemos entrenar a nuestros muchachos, porque el valor de vencer adversidades en un partido, deberá seguir siendo un sentimiento de orgullo que identifique al jugador de rugby.
Buscamos que nuestros muchachos amen el juego limpio y detesten el juego desleal, por lo que los que colaboramos con los jugadores tenemos que ser no sólo buenos técnicamente; primero, debemos ser buenos maestros en el privilegio de enseñar rugby, que más allá de ser un juego para divertirse, es fundamentalmente una escuela de vida, una manera de vivir.
Como entrenadores, colaboradores o dirigentes, debemos transmitir el espíritu del rugby con el fin que nuestros muchachos traten de ser mejores, haciendo su mejor esfuerzo y sabiendo que al rugby se juega con un espíritu único. No tiene que haber la menor duda sobre esto.
De alguna forma, lo que los equipos hacen en la cancha es el reflejo de lo que escuchan y aprenden de sus mayores. Nosotros tenemos la responsabilidad de formar hombres, no sólo jugadores de rugby, lo que nos demanda una gran responsabilidad y nos obliga a no transgredir con nuestros actos o con nuestros mensajes, ni la ley, ni el espíritu, ni la filosofía del rugby.
Todo lo que podamos transmitir en ese sentido, nuestros muchachos nos lo agradecerán ya que ellos han elegido al rugby porque es distinto a los demás juegos y necesitan que así sea.
Finalmente nos ratificamos y comprometemos a estar absolutamente subordinados al rugby, que es lo mismo que decir subordinados a su espíritu o, de lo contrario, estaremos violando al propio juego al que decimos pertenecer.
Reglas que fomentamos:
Las divisiones menores de Miami Rugby, tendrán por norma respetar a todos los participantes de cada partido, y como tal:
- No se dirige a la hinchada adversaria.
- No opina sobre los fallos del árbitro ni de los jueces de línea.
- No critica los eventuales errores de sus propios jugadores.
- No se dirige a los jugadores contrarios.
Aplaudimos las destrezas de nuestros jugadores y sus aciertos. Y para eso, nunca debemos olvidar que:
- El partido es de los jugadores, quienes no tienen otra obligación hacia la Institución que el respeto por los valores que difunde y representa.
- El objetivo inmediato de nuestro equipo nunca es ganar, sino jugar bien. Haciéndolo, no solamente cumplirá el propósito fundamental de disfrutar de nuestro deporte, sino además puede aspirar a superar a su adversario. De esta manera podrá lograr el triunfo, que es siempre una consecuencia.
- En definitiva, más que desear la victoria de nuestro equipo, esperamos merecerla.
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